Concepto & Multiculturalismo

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El factor del “Diálogo interreligioso en la cooperación”

El concurso de formación “Concepto Multiculturalismo” es un proyecto diseñado para involucrar a varias voluntades hacia un mismo objetivo: brindar una experiencia y conocimiento, promover los valores de la diversidad cultural y el diálogo interreligioso y debatir acerca del concepto de lo multicultural. Diplomáticos, académicos, líderes religiosos, referentes del sector político y del sector privado, estudiantes y graduados; todos se involucran e interactúan de manera diferente para alcanzar la misma meta, que se promueva la investigación sobre las cuestiones de la multiculturalidad en diferentes países del mundo. Compartimos aquí reflexiones de Lic. Miguel Wegner, Secretario General de UPF. Accedemos a las perspectivas de uno de los coordinadores de nuestro equipo, entre otros expertos que asistirán a los participantes en todo el proceso del concurso. La oranización Federación para la Paz Universal (UPF) es una alianza global de organizaciones y personas de buena voluntad que ofrecen su contribución voluntaria en la construcción de un mundo de paz, donde cada uno pueda vivir en libertad, cooperación y prosperidad, bajo los valores universales del amor altruista y nuestra conciencia, en sintonía con la voluntad divina universal. El Directivo de UPF Argentina Lic. Miguel Wegner nos propone este pensamiento:

Las distintas confesiones, depositarias de la revelación y resguardo de los valores, predican el amor a Dios y al prójimo, pero persisten desterrados y perseguidos dentro de las propias comunidades de fe, por diferencia de criterios o por fanatismos y fundamentalismos. Afortunadamente siempre reducidos, que subsisten en tradiciones milenarias y recrudecen en nuevas creencias.
Aquí es auspicioso reivindicar el diálogo intra-denominacional, en el que falta avanzar todavía más. En el cristianismo -que reúne a más de un cuarto de los siete mil millones de habitantes entre ortodoxos, católicos y evangélicos- persisten unas 40 mil particiones, algunas aún muy enfrentadas y escandalosas. ¿Cómo lograr el mandato de hace dos milenios: “¡Que sean uno!”? El Concilio Vaticano II constituyó un hito, con la preclara visión de Juan XXIII, quien en “Pacem in terris” expresó este anhelo de modo universal “a todos los hombres de buena voluntad”.
“Amor a Dios y amor al próximo”, resumió en dos los mandatos Jesús, quien desafió a sus seguidores a “amar al enemigo” y perdonar “hasta setenta veces siete” (8). “No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios”, afirma en esta línea “Nostra aetate” (“Nuestro tiempo”), declaración señera de aquel Concilio (9). Imperativo que afrontaron los sucesores del llamado “Papa bueno” y que reafirma ahora Francisco, quien pide salir “a las periferias geográficas y existenciales para llevar a todos el amor” (10)Abril 2014-MG_9060
“Creemos en Dios, en cuanto nos ha sido revelado, y en lo que fue revelado a Abraham, a Ismael, a Isaac, a Jacob y a las tribus; y en lo que fue concedido a Moisés y a Jesús, y en lo que fue dado a los profetas por su Señor”, señala el Corán (11), que literalmente significa para el islámico sumisión a la voluntad divina para obtener la salvación y la paz. La Torá, la Biblia, inicia con el relato de la Creación -“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (12)- y el mandamiento dado a los primeros antepasados de establecer un dominio de amor en todas las cosas para recibir la bendición divina (13). Mandato latente en tradiciones pre-abrahámicas, en cuanto búsqueda de la verdad y procura del bien, y otras más nuevas, que revitalizan valores y principios.
Lamentablemente, a través de los siglos, en ocasiones, las religiones y sus líderes dieron variadas razones para ser tachados de anacrónicos, por acciones y omisiones. El modernismo encontró justificaciones para una descalificación simplista al remitir al llamado “oscurantismo medieval”, aunque el “iluminismo” produjera luego tantas o más oscuridades bajo la “diosa razón”, enarbolando diversos “becerros de oro” (poder, dinero y otras idolatrías), derivando en interminables confrontaciones e incontables muertes. Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud acusaron a la religión de “opio de los pueblos”, de “generar esclavos” y ser una “ilusión infantil”, respectivamente (14). Y un ateísmo militante se hizo realidad en una cultura hedonista galopante. Lo cual se agravó por peleas y divorcios entre prédica y práctica.
¿Por qué se produjeron tantas aberraciones y muertes aduciendo supuestas “razones de fe”? ¿Qué hizo o hace que haya maldad y se multipliquen las luchas? Sin pretender hurgar aquí en el “pecado original”, la distorsión y manipulación de principios, y destapar la “caja de Pandora”, es necesario reafirmar aquí la misión primaria de la religión, de alimentar y hacer crecer el espíritu de las personas y el alma de los pueblos. De revitalizar su esencia y cumplir con el mandato de “religar” con el Origen: Dios, o como quiera que se llame en cada tradición. Este entendimiento y práctica, y sea como cada creencia conceptualice la “Primera Causa”, conduce irremediablemente a compromiso solidario con los demás, que nada tiene que ver con las indiferencias e individualismos exacerbados, frutos de vacíos existenciales. El amor al prójimo es el testimonio genuino de los valores de las religiones para la convivencia. Puntal para reconocer la necesidad del diálogo y la cooperación.

Cooperación
El diálogo es un medio para ampliar el mutuo conocimiento para desterrar todo tipo prejuicios y violencia. De allí la importancia de la educación. Particularmente en este tiempo, de evolución de conciencias y reconocimiento de derechos fundamentales. Es trascendental en lo interpersonal y en una comunidad globalizada. Es la base para avanzar a la cooperación, instancia superadora de la competencia individualista, en acciones que confluyan en el “bien común”, propósito de la política, y en la “regla de oro” y norte de las religiones: “amor al prójimo”. Esto se vuelve particularmente fundamental ante los graves problemas irresueltos, algunos muy intrincados en lo ancestral y las creencias. La pobreza y la droga, por citar sólo dos flagelos mundiales, de carencias materiales y espirituales, que irremediablemente requiere respuestas y tareas compartidas.
Cuando se logra la misión de reconectar con el Origen, no sólo se llenan vacíos existenciales, sino que empuja al servicio para revitalizar el sentido de fraternidad. Aparca el ego, reduce celos y aplaca rencillas. En este punto resulta oportuno y necesario revalorizar un modelo de cooperación: la familia, “ideal de Dios” en las distintas tradiciones. “Célula básica de la sociedad”, según los antiguos manuales de instrucción cívica, elemento fundante de comunidad y sin la solidez de la cual la nación resulta una entelequia. Una familia funcional resulta la primera “escuela del amor”, transmisora de normas de convivencia y promotora de los valores.
Cooperar es “obrar juntamente con otro u otros para un mismo fin” (15). Decía Mahatma Gandhi: “Una gota de océano participa de la grandeza de su origen, aunque sea inconsciente de ese hecho. Ella se seca, sin embargo, tan pronto como asume una existencia independiente del océano”. “La ley del ser humano no es la competencia mortífera, sino la cooperación vivificante”, expresaba en otros términos, quien buscaba el desarrollo de su ser en la presencia de Dios (“Moksha”) y practicaba la “fuerza de la verdad creativa” (“Satyagraha”) (16).
Cooperar en clave interreligiosa también implica dejar supuestas amenazas de identidades, miedos de sincretismos y equiparaciones. Trascender exclusivismos y autosuficiencias, arrogancias, porque remite al compromiso con el otro, un gesto de humildad. Este es siempre el primer desafío, desde el mismo origen, cuando Dios interpeló a Caín por la suerte de su hermano menor (17). Es dejar la actitud defensiva para abrir la mente y el corazón y construir puentes, para celebrar la vida de una productiva diversidad. Salir de la miseria, carencia de vitalidad espiritual, para recuperar el entusiasmo, de tener el Amor dentro, para iluminar y abrazar. El corazón es el punto nodal del diálogo y la cooperación, la vía para abrir puertas y reconstruir caminos, en la conciencia que somos seres espirituales eternos que vivimos una experiencia físico-temporal. La razón, como complemento, iluminará para restaurar la justicia con el estandarte de la verdad.
En una familia, referencia ineludible de interrelación e interdependencia, unos hijos llegan antes y otros después, y cuando esta se extiende se forman naturalmente subgrupos. Trasladado a la gran familia global de diversas tradiciones espirituales, milenarias o de tan sólo algunas décadas, pueden darse auspiciosas “amistades”, pero también improductivas comodidades, indiferentes al ministerio de fraternidad universal por el recelo de lo denominacional o milenario. Para trascender el fanatismo es importante recordar que Dios se manifestó en el principio de los tiempos y continúa expresándose hoy como “hacedor de la historia”. Los profetas no sólo hablaron en los libros sagrados de hinduistas, budistas, judíos, cristianos y musulmanes, sino de otras denominaciones con el mandato de “religar” y canalizar amor. Puede considerarse entonces que existen “hermanos mayores” y “hermanos menores”, pero no hay “hermanos más importantes” que otros.
Es la comprensión de la interdependiente en una sociedad globalizada, que somos una gran familia bajo un mismo “Principio divino” (18), más allá de todas las diversidades y consideraciones. Esto es lo que hace surgir con fuerza el compromiso y la voluntad colectiva de poner fin a todos los conflictos y dejar atrás para siempre la regresión primaria de la lucha y la pelea. Esta convicción redunda en buen trato, destierra la soberbia del descarte de otros seres, en respeto por la vida, como sagrada en su totalidad. Ayuda en la reconexión con la “madre tierra”, de la que hablan los pueblos originarios y en otros términos ciertas culturas orientales, que todavía sufre “dolores de parto” (19). Revoluciona el pensamiento, señala nuevos hitos en la historia y brinda contenidos inagotables para enseñar. Inaugura una nueva forma de conducir, de gobernar, de liderar.

Extracto de la publicación “Cooperación interreligiosa para liderar la paz” http://www.upf.org/component/content/article/5589-m-werner-cooperacion-interreligiosa-para-liderar-la-paz
Lic. Miguel Wegner – Secretario General UPF Argentina

1. “La plataforma ‘Democracia Real Ya’ pide en Sol un cambio político-social”, El Mundo (www.elmundo.es), España, martes 9 de agosto de 2011.
2. Primera declaración mundial sobre la dignidad y la igualdad inherentes a todos los seres humanos elaborada en dos años y cuando el mundo estaba dividido en dos bloques políticos-ideológicos-militares.
3. “Comprender la comunicación”, Antonio Pasquali, Caracas, Monte Ávila Editores, 1990.
4. Ídem 3.
5. Expresión popularizada por el Papa Francisco.
6. Isaías 2:4
7. Romanos 12:21, Biblia, versión Reina Valera, 1960.

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Multiculturalidad, procesos y conceptos

Compartimos las reflexiones del experto en Sudeste Asiático Lic. Ezequiel Ramoneda, en el marco del taller que presento con la consigna “Multiculturalidad en Sudeste Asiático”, dictado el 6 de Agosto en la Escuela de Graduados del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires.  El taller del Coordinador del Centro de Estudios del Sudeste Asiático del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Plata fue una actividad en agenda de los encuentros que se brindaron en torno al concurso de formación “Concepto Multiculturalismo” 2013.

Antes de entrar al tema en cuestión, la Multiculturalidad en Sudeste Asiático, es decir los procesos multiculturales que tuvieron lugar y afectaron a las culturas de los distintos pueblos de la mencionada región, es necesario antes explicar y definir que entiendo por multiculturalidad.
Se puede entender a la cultura como un todo complejo que incluye conocimientos y saberes, técnicas y artes, valores y normas, lenguas y expresiones, significados y creencias, costumbres y pautas de sociabilidad generados, compartidos y acumulados por los miembros de un grupo social o pueblo transmitidos de generación en generación para satisfacer las necesidades que tienen y resolver las dificultades que enfrentan. Desde la materialización de la cultura de un pueblo en distintas prácticas culturales en función de las particularidades ambientales y sociales, pasando por la especialización de un elemento cultural frente a otros que permita la coexistencia de subculturas en una cultural más grande, hasta la consolidación de culturas distintas pertenecientes a distintos pueblos, explican la existencia de la diversidad cultural.
La importancia de la resistencia del arraigo espacial, la permanencia temporal, la herencia identitaria (el conjunto de rasgos que identifican y a la vez distinguen a un grupo de otros), dan la apariencia cerrada de la cultura de un pueblo. Ahora bien se puede entender también a la cultura como la facultad adaptativa distintiva del ser humano en tanto tal. De aquí que la cultura de un grupo puede transformarse por cambios en alguno de los elementos ambientales o sociales, indicando que aunque duras, no son cerradas sino abiertas, dinámicas.

Todavía más, hacia el interior, la cultura no es homogénea e igualitaria. La apariencia de homogeneidad la pueden dar nuevamente sus materializaciones. Pero existen relaciones jerárquicas de poder hacia el interior de un grupo, que establecen quienes dominan y quienes son dominados, entre aquellos quienes tienen los medios y los instrumentos para mantenerse en el poder a lo largo del tiempo y aquellos que no. Al haber una correlación entre el poder material y el poder cultural, se puede apreciar entonces la existencia de una alta cultura o cultura oficial promovida por la elite, y una baja cultura o cultura popular o de masas mantenida por la población, de complejas relaciones de interacción e influencia. Una y otra culturas no son estables, sino que pueden no sólo modificarse dentro del mismo grupo, sino también alternarse en el poder. También se puede mencionar procesos de culturización de culturas foráneas a culturas indígenas, de culturas dominantes a culturas subordinadas. Es decir las culturas son complejas.

De aquí que considere la multiculturalidad, un estado en que prevalece la asimetría de poder, la diferencia entre culturas, anterior y pasaje a la interculturalidad, un estado en que prevalece la simetría de poder, la igualdad entre culturas, aunque ambos sin carga peyorativa. Mientras que la interculturalidad se plantea desde la posición de igualdad (aunque no desde la identificación) la multiculturalidad se plantea desde la diferencia. Sin restar importancia a la interculturalidad, con sus presupuestos igualitarios y de respeto, una perspectiva multicultural permite analizar y criticar desde donde se realiza la relación cultural. Como llego el interlocutor o potestante cultural a la posición en que se encuentra, y desde donde el interlocutor cultural inicia y mantiene la relación. Una visión intercultural acrítica podría esconder doble intenciones, como también el proceso histórico por medio del cual el potestante cultural llego a su posición hegemónica o desde la cual utiliza su poder cultural para influir, mientras que una visión multicultural permitiría develarlas.
Teniendo presente esto, la relativa apertura, dinamismo y complejidad de la cultura, propongo la siguiente definición de multiculturalidad superadora de una mera diversidad de culturas materializadas cerradas, o de relaciones interculturales de presupuesto igualitario.
Entiendo por multiculturalidad un fenómeno abierto, dinámico y complejo de procesos de relacionamiento y mutua influencia entre culturas en un orden social determinado acotado o amplio, en función de la convivencia/asimilación o resistencia entre ellas según sus capacidades y recursos en pos de su sobrevivencia social y permanencia temporal.
Teniendo esto presente, se puede aplicar la noción de lo multicultural desde la consolidación de una cultura hegemónica como en los procesos de construcción nacional hacia dentro de los estados o en los procesos de transculturización de la cultura de un estado foráneo hegemónico sobre una estado indígena subordinado, hasta el establecimiento de un marco intercultural que permite la convivencia de distintas culturas, o de relaciones multiculturales en un contexto internacional.

Lic. Ezequiel Ramoneda
Coordinador del Centro de Estudios del Sudeste Asiático del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Plata.

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Multiculturalismo, ecos del “Foro Humanitario Bakú”

El factor del multiculturalismo es un debate abierto en la agenda política internacional, donde muchas voces toman interpretaciones diferentes sobre cómo plantear ciertos desafíos de convivencia y tolerancia; donde también muchos escapan a discutir sobre estas cuestiones. Es importante recurrir a los testimonios del “Foro Humanitario Bakú 2013” desarrollado en la capital de Azerbaiyán, donde se generó el más representativo encuentro mundial que pone en debate la cuestión de la multiculturalidad y desde un enfoque plural en el que participaron 800 líderes de más de 70 países. En el marco de este encuentro y en representación directa del Presidente de Rusia Vladimir Putin, el enviado especial Mikhail Shvydkoy dejó una consigna abierta para reflexionar sobre el multiculturalismo.

“De viaje en Alemania este año, he tenido que someterme a una operación médica. La especialista que me operaba era del distrito de Hannover; la anestesista era una joven proveniente de Kirguistán y uno de los asistentes era de España y el otro de Munich. Luego en la habitación, conversando con el personal me cuenta la camarera era polaca. Ciertamente, todo ha salido exitoso y pronto regresé a Moscú. Todo el proceso médico fue realizado bajo un protocolo, donde todos supieron cumplir en forma eficaz todas las funciones asignadas; y así lo repiten todos los días durante varias veces y así sigue por meses y por años. Yo me pregunto, yo les pregunto. Seremos capaces de repetir este protocolo, que se repita a futuro y en diferentes puntos del planeta. Aquí uno descubre, no importa la nacionalidad o la etnia, todos pueden seguir armoniosamente un protocolo. Me sumo al desafío de plantear la cuestión del multilateralismo como un reto posible para la comunidad internacional”.
El Embajador Mikhail Shvydkoy es el representante especial para la Cooperación Internacional y la Cultura del Presidente de la Federación rusa.
Dato “Baku Forum”:
http://www.bakuforum.org/en/forum-2013/

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Identidad nacional es un concepto muy complejo e impreciso, igual que ‘sociedad’ ‘cultura’ y otros

Compartimos un recurso desde el prestigioso y presentativo think-tank de Moscú, el “Valdai Club” para la colaboración del medio “Equilibrium Global”. El objetivo es poner en debate el factor del multiculturalismo en la agenda del presente, y acercar diferentes perspectivas que aborden las situaciones en diferentes puntos geográficos del mundo y saber de opiniones sobre la cuestión de la multiculturalidad. 

La identidad nacional es un concepto muy complejo e impreciso, igual que ‘sociedad’ ‘cultura’ y otros.
Las discusiones en torno a la de­nición de identidad no cesan. Pero está claro que sin el análisis deeste concepto no podremos contestar a las preguntas más importantes que nos plantea la actualidad: ¿Qué signi­ca ser ruso en el siglo XXI? ¿Qué une a los rusos y los mantendrá unidos? ¿Qué futuro les espera?
Los miembros del Club Internacional de Debates Valdái -intelectuales, periodistas, cientí­cos- discutirán estos problemas durante su décima reunión que tendrá lugar en septiembre próximo y que estará dedicada a la identidad de Rusia en un mundo cambiante.
Entretanto, no estaría de más anticipar algunas re‑exiones al respecto. En primer lugar, cabe destacar que la identidad nacional no es siempre la misma, va cambiando en el marco del proceso de cambios e interacciones sociales.A CHEHC CHIC

En el segundo lugar, hay que mencionar que en el mundo moderno un individuo cuenta con una “cartera de identidades” que pueden ser compatibles o incompatibles. Un habitante de la república rusa de Tatarstán se identi­ca como “tártaro” en Moscú, como “ruso” en Berlín y como “blanco” en Africa.
En tercer lugar, la identidad nacional suele debilitarse en tiempos de paz y se fortalece (o, en cambio, termina de desintegrarse) en tiempos de crisis y guerra. La Guerra de la Independencia dio lugar a la identidad estadounidense, la Gran Guerra Patria fomentó la identidad soviética, las guerras en el Cáucaso del Norte ruso suscitaron discusiones en torno a la identidad rusa actual.
Esta última contiene las siguientes dimensiones: identidad nacional, identidad territorial, identidad religiosa y, ­nalmente identidad ideológica, o política. Identidad nacional. Con la creación de la Unión Soviética la identidad imperial de la Rusia Zarista se ve reemplazada por una identidad soviética plurinacional.
Aunque la Federación Rusa seguía existiendo dentro de la URSS, carecía de las fundamentales características de un Estado soberano e independiente. El despertar de la identidad nacional de los rusos fue uno de los motivos que llevó a la desintegración de la plurinacional Unión Soviética.
Pero la recién nacida Rusia se vio enfrentada a un nuevo problema de identidad: ¿Este nuevo estado es heredero legítimo de la URSS o del Imperio Ruso? ¿O es una entidad absolutamente nueva? Este problema no tiene solución hasta ahora. Los partidarios del enfoque neosoviético a­rman que la Rusia actual es “la Unión Soviética desideologizada” y abogan por resucitar la URSS.
En el escenario político esta visión está representada por el Partido Comunista de la Federación Rusa (KPRF, por sus siglas en ruso). Otro enfoque considera a Rusia como un Estado multinacional en las fronteras actuales, como heredera legal del Imperio ruso y de la Unión Soviética. Según sus partidarios, aunque no existe necesidad de expansión territorial, el territorio propio del país es sagrado e indivisible.
Por consiguiente, Rusia tiene intereses prioritarios e incluso una misión en el territorio de la antigua URSS. Así que debe, por un lado, intentar integrar este espacio de alguna forma y, por el otro, proteger los derechos de los rusos en los nuevos estados post-soviéticos.
Esta visión es compartida por la mayoría de los rusos y declarada por el presidente Vladimir Putin y el partido o­cialista Rusia Unida.
El tercer enfoque a­rma que Rusia es un Estado de los rusos, que tanto el pasado imperial como el soviético son páginas trágicas de la historia que habría que pasar. Los defensores de este punto de vista creen que en este contexto conviene uni­car los territorios poblados por los rusos, como la península de Crimea, el norte de Kazajstán, etc., y al mismo tiempo renunciar a una parte del territorio actual como el Cáucaso del Norte, especialmente la república de Chechenia.
El principal desafío para la identidad nacional de los rusos lo representa la cuestión sobre el derecho de los oriundos de las repúblicas norcaucásicas (donde se deja sentir la falta de empleo) a mudarse libremente y sin perder su lengua ni tradiciones a las grandes ciudades y tierras ancestrales rusas.
Aunque no existen impedimentos legales para ello, el proceso de la migración interna provoca graves situaciones de tensión y fomenta sentimiento nacionalista entre la población rusa.
El aspecto territorial de la identidad rusa es uno de los más importantes en los últimos cinco siglos de la historia nacional.
El territorio del Imperio ruso y luego el de la URSS no dejó de crecer, convirtiendo el país en el más grande del planeta. Esta característica de Rusia desde hace tiempo es motivo de orgullo nacional. Cualquier pérdida territorial resulta, por lo tanto, muy dolorosa. De ahí que la disolución de la URSS asestó un duro golpe a la identidad rusa también en este sentido.
La guerra de Chechenia puso de mani­esto que Rusia está dispuesta a defender este valor a costa de cualquier sacri ­cio. Aunque en algunos momentos de derrota la idea de aceptar la independencia de Chechenia cobró popularidad, el restablecimiento del control federal sobre esta república fue la principal causa del apoyo popular sin precedentes del que gozaba el presidente Putin a principios de los 2000. La mayoría absoluta de los rusos considera la integridad territorial de Rusia como el elemento fundamental de la identidad nacional y un principio al que se debe dar prioridad incondicional.
El tercer aspecto de la identidad rusa es el religioso. Actualmente más del 80% de los rusos se consideran cristianos ortodoxos, mientras que la Iglesia Ortodoxa Rusa tiene un estatus semiestatal y goza de gran in‑uencia en la política del Gobierno en los ámbitos que sean de su interés.
Estamos, pues, ante la versión rusa de la tradición bizantina que coloca las relaciones entre el Estado y la Iglesia en un cuadro ideal de “sinfonía” entre los dos poderes, el civil y el religioso, una armónica combinación de intereses y respetuosa división de responsabilidades. No obstante, el prestigio de la iglesia durante los dos últimos años se ha visto mermado.
Esto se ha manifestado, en primer lugar, en la desaparición del tabú social que durante más de dos decenios impedía criticar abiertamente a la Iglesia Ortodoxa Rusa. Una parte de la sociedad, la más liberal, pasó a la oposición abierta a la Iglesia. En este contexto incluso el ateísmo, olvidado tras el fracaso del comunismo, está cada vez más presente entre los rusos.
Aunque mucho más peligrosa para la Iglesia Ortodoxa Rusa es la actividad misionera de las confesiones cristianas no ortodoxas, sobre todo las protestantes, y la expansión del Islam fuera de sus fronteras tradicionales.
La razón más importante de ello es que el fervor religioso de los protestantes y musulmanes recién convertidos es mucho mayor que el de los ­eles ortodoxos. De esta manera, el retorno de la Rusia postcomunista al seno de la iglesia ortodoxa es super­cial e incompleto.

Pero el mayor reto para la identidad religiosa de los rusos es su incapacidad de contribuir a una regeneración moral de la sociedad rusa sumida en una crisis de valores. El aspecto ideológico de la identidad nacional rusa. Desde de la Edad Media la identidad nacional de los rusos se forma a partir de una contraposición de Rusia a otros Estados, sobre todo a Occidente, consolidando un sentido de las diferencias como características positivas.
La desintegración de la URSS hizo que los rusos se sintieran como una nación “de­ciente” que durante años iba en una dirección “equivocada” y ahora tiene que volver a la familia de las naciones “bien encaminadas”.
Este complejo de inferioridad es un peso demasiado grande, y los rusos se lo quitaron de encima dejando que los horrores del capitalismo oligárquico y la intervención de la OTAN en Yugoslavia acabaran con sus ilusiones sobre “el hermoso mundo de la democracia”, el mercado y la amistad con Occidente. La imagen del Occidente como ejemplo a seguir se vio completamente desacreditada a ­nales de la década de los 1990.
Con la llegada al poder de Vladimir Putin en el país empezó una búsqueda del modelo alternativo, de nuevos valores. Al principio surgían las ideas de una Rusia que “se levanta y deja de estar de rodillas” y es una “superpotencia energética”. Más tarde, de la mano del ex viceprimer ministro ruso Vladislav Surkov, nació el concepto de la “democracia soberana” que a­rma: Rusia es un Estado democrático aunque con sus propias particularidades nacionales y nadie desde fuera tiene derecho a imponernos sus criterios y opiniones.

Los rusos más jóvenes y cultos siguen sintiendo simpatías hacia la Unión Europea e incluso de­enden la adhesión de Rusia a la UE, pero son una minoría. Mientras las mayoría de los ciudadanos quiere construir el estado democrático ruso sin recurrir a la ayuda desde el exterior.
El ideal político-social de los rusos se podría describir de la siguiente manera. Es un Estado independiente e in‑uyente a nivel mundial, una potencia económica que asegura a los ciudadanos una alta calidad de vida, con la ciencia e industria competitivas a nivel internacional.
Es un Estado multinacional en el que el pueblo ruso desempeña un papel central aunque se respetan y se protegen los derechos humanos independientemente de la nacionalidad. Es un país con un fuerte poder central y con un presidente de competencias muy amplias. Y es una nación donde triunfa la ley y la justicia.
Cabe señalar que en esta imagen ideal de Rusia no están presentes, entre otros, los siguientes valores: el de la oposición como una institución imprescindible del sistema político; de la separación de poderes; el del Parlamento, partidos y democracia representativa en general; el de derechos de las minorías y derechos humanos en general; el de apertura hacia el mundo que se percibe como una fuente de amenazas y no de oportunidades.
Estos son los principales retos para la identidad nacional rusa a los que el país tiene que buscar respuestas si quiere alcanzar objetivos nacionales: la vida digna, la justicia social y el respeto hacia Rusia en el mundo.

Valeri Fiodorov – Moscú – Federación Rusa
Director general del Centro de Estudio de la Opinión Pública (VTsIOM)
El “Club Valdai” fue organizado por RIA Novosti en 2004 junto con el Consejo ruso para la Política Exterior y de Defensa, las revistas Russia Profile y Rusia en la Política Global y el periódico The Moscow News. El Club recibió el nombre del lugar donde se celebró por primera vez, Valdai (norte de Rusia).
Decenas de politólogos de varios países participan en las conferencias del “Club Valdai” que se celebran tanto en Rusia como en el extranjero. Durante ocho años de la existencia del Club, más de 400 expertos de 35 países tomaron parte en sus ediciones.
En marzo de 2011, fue instituida la Fundación de apoyo al desarrollo del “Club Internacional de Debates Valdai” sin ánimo de lucro, destinada a contribuir a la popularización de la actividad del Club y a la realización de investigaciones en el ámbito de estrategia del desarrollo de Rusia y su política exterior.

A cheche GF